
En los últimos años, la investigación científica ha puesto de manifiesto que el intestino no solo cumple funciones digestivas, sino que también desempeña un papel clave en la regulación del comportamiento y el bienestar general de los animales. En el caso de los caballos, la microbiota intestinal —el conjunto de microorganismos que habitan el tracto digestivo— se ha convertido en un área de creciente interés, especialmente por su relación con el eje intestino-cerebro y su impacto sobre el temperamento, la respuesta al estrés y el rendimiento.

El caballo es un herbívoro no rumiante adaptado a una dieta rica en fibra. Su intestino grueso, en particular el ciego y el colon, alberga una comunidad microbiana extremadamente compleja compuesta por bacterias, protozoos, hongos y arqueas. Estos microorganismos permiten la fermentación de la fibra vegetal y la producción de ácidos grasos volátiles, que constituyen una fuente esencial de energía. Sin embargo, su función va mucho más allá de la nutrición: la microbiota también influye en el sistema inmunitario, endocrino y nervioso.
El concepto de eje intestino-cerebro describe la comunicación bidireccional entre el tracto gastrointestinal y el sistema nervioso central. En los caballos, esta comunicación se produce a través de vías nerviosas (como el nervio vago), señales hormonales y mediadores inmunológicos. Los metabolitos producidos por la microbiota, como los ácidos grasos de cadena corta, pueden modular la inflamación sistémica y afectar la producción de neurotransmisores implicados en el estado de ánimo y el comportamiento, como la serotonina y el GABA.
Diversos estudios han comenzado a relacionar alteraciones en la microbiota intestinal —conocidas como disbiosis— con cambios conductuales en los equinos. Caballos con desequilibrios digestivos crónicos, como cólicos recurrentes, diarreas o úlceras gástricas, suelen presentar también signos de irritabilidad, apatía, nerviosismo o disminución del rendimiento deportivo. Aunque durante mucho tiempo estos cambios se atribuyeron únicamente al dolor o al manejo, hoy se reconoce que la microbiota puede ser un factor subyacente relevante.

El estrés es uno de los principales moduladores de la microbiota intestinal en el caballo. Situaciones comunes en la vida equina moderna —como el confinamiento en boxes, el transporte frecuente, las competiciones, los cambios bruscos de dieta o la falta de contacto social— pueden alterar la composición microbiana. A su vez, estas alteraciones pueden aumentar la permeabilidad intestinal y activar respuestas inflamatorias que influyen negativamente en el comportamiento, generando un círculo vicioso entre estrés, intestino y cerebro.
La alimentación es probablemente el factor más determinante en la salud de la microbiota equina. Dietas ricas en forraje, con acceso casi continuo a fibra de buena calidad, favorecen una microbiota estable y diversa, asociada a un comportamiento más calmado y predecible. Por el contrario, dietas altas en concentrados y azúcares, administradas en pocas tomas diarias, pueden provocar fermentaciones anómalas, cambios bruscos del pH intestinal y proliferación de microorganismos potencialmente perjudiciales, lo que se ha vinculado con mayor excitabilidad y reactividad.
En este contexto, el uso de probióticos, prebióticos y simbióticos ha despertado gran interés en la medicina y nutrición equina. Algunos trabajos sugieren que la suplementación con microorganismos beneficiosos o con sustratos que favorezcan su crecimiento puede contribuir a mejorar la salud digestiva y, de forma indirecta, el comportamiento. No obstante, la evidencia científica aún es limitada y se requieren más estudios específicos en caballos para determinar cepas, dosis y protocolos efectivos.

El impacto de la microbiota intestinal también se ha comenzado a explorar en relación con el aprendizaje y el rendimiento deportivo. Un caballo con un intestino saludable tiende a presentar una mejor capacidad de concentración, menor reactividad al entorno y una recuperación más eficiente tras el ejercicio. Esto resulta especialmente relevante en disciplinas que requieren precisión, calma y cooperación con el jinete, como la doma clásica o el trabajo terapéutico asistido.
En conclusión, la microbiota intestinal desempeña un papel fundamental en la salud integral del caballo, incluyendo su comportamiento y bienestar emocional. Comprender la estrecha relación entre intestino y cerebro permite adoptar estrategias de manejo más respetuosas con la biología equina, basadas en una alimentación adecuada, reducción del estrés y promoción de conductas naturales. A medida que la investigación avance, es probable que la microbiota se consolide como un elemento clave en la prevención de problemas conductuales y en la optimización del bienestar y rendimiento de los caballos.