
Preparar un plan de desparasitación para caballos es una de las tareas más importantes en la gestión sanitaria equina. Los parásitos internos pueden afectar el rendimiento deportivo, la condición corporal, el crecimiento en potros e incluso poner en riesgo la vida del animal si no se controlan adecuadamente. Un programa bien diseñado no solo mejora la salud del caballo, sino que también ayuda a prevenir la resistencia a los antiparasitarios, un problema cada vez más frecuente en la medicina veterinaria.
¿Por qué es necesario un plan?
Los caballos están expuestos constantemente a parásitos gastrointestinales presentes en los pastos, el agua y el entorno. Entre los más comunes se encuentran los pequeños estróngilos (ciatostominos), los grandes estróngilos, los áscaris (especialmente en potros), las tenias y los oxiuros. Estos parásitos pueden provocar pérdida de peso, cólicos, diarrea, anemia, retraso en el crecimiento y bajo rendimiento.
Tradicionalmente, se aplicaban desparasitaciones cada 6–8 semanas de manera rutinaria. Sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que este enfoque favorece la aparición de resistencia. Por ello, hoy se recomienda un plan estratégico basado en análisis y en las características individuales de cada caballo.

Evaluación inicial y diagnóstico
El primer paso para diseñar un plan de desparasitación es realizar un examen coproparasitoscópico (análisis de heces) mediante un conteo de huevos por gramo (HPG). Este análisis permite identificar:
- Qué tipo de parásitos están presentes.
- La carga parasitaria del caballo.
- Si el tratamiento previo fue eficaz.
Idealmente, el análisis debe realizarse al menos dos veces al año, aunque en explotaciones con alta densidad de animales puede ser recomendable hacerlo con mayor frecuencia.
Además del análisis, es importante considerar:
- Edad del caballo.
- Uso (deporte, cría, ocio).
- Tipo de manejo (estabulado o en pastoreo).
- Historial sanitario previo.
Clasificación de los caballos según su nivel de excreción
Con base en el conteo de huevos, los caballos pueden clasificarse en:
- Bajos excretores: menos de 200 HPG.
- Excretores moderados: entre 200 y 500 HPG.
- Altos excretores: más de 500 HPG.
Esta clasificación permite adaptar la frecuencia del tratamiento. Generalmente, los caballos bajos excretores pueden desparasitarse con menor frecuencia, mientras que los altos excretores requieren un seguimiento más cercano.
Selección del antiparasitario adecuado
Existen varias familias de antiparasitarios utilizados en caballos:
- Benzimidazoles (por ejemplo, fenbendazol).
- Lactonas macrocíclicas (ivermectina, moxidectina).
- Tetrahidropirimidinas (pirantel).
Cada grupo tiene diferente espectro de acción y nivel de eficacia frente a distintos parásitos. La elección debe basarse en:
- Resultados del análisis de heces.
- Época del año.
- Edad del animal.
- Presencia de tenias (que pueden requerir praziquantel).
Es fundamental rotar principios activos de forma estratégica y no simplemente alternar productos sin criterio. La rotación debe estar basada en pruebas de eficacia (prueba de reducción del conteo de huevos).
Manejo ambiental
La desparasitación no depende únicamente de los medicamentos. El manejo del entorno es clave para reducir la reinfección:
- Retirar estiércol de los potreros al menos dos veces por semana.
- Evitar el sobrepastoreo.
- Alternar pastos con otras especies (por ejemplo, ganado bovino, cuando sea posible).
- No alimentar directamente en el suelo.
- Mantener bebederos limpios.
Estas medidas disminuyen la carga parasitaria ambiental y reducen la necesidad de tratamientos frecuentes.
Seguimiento y evaluación
Después de administrar un antiparasitario, se recomienda realizar un nuevo análisis de heces entre 10 y 14 días después (según el fármaco utilizado) para evaluar la eficacia del tratamiento. Esto se conoce como prueba de reducción del conteo de huevos.
Si la reducción es menor al 90–95 %, puede existir resistencia al medicamento utilizado. En ese caso, el veterinario deberá ajustar el plan.
Además, es recomendable mantener un registro detallado que incluya:
- Fecha de tratamiento.
- Producto y dosis administrada.
- Resultados de análisis.
- Observaciones clínicas.
Este historial permite tomar decisiones más informadas a largo plazo.
Un plan típico puede incluir:
- Primavera: análisis de heces y tratamiento si es necesario.
- Verano: control selectivo en caballos con alto conteo.
- Otoño: tratamiento dirigido a estróngilos y tenias.
- Invierno: en climas templados, puede requerirse una intervención adicional.
En potros, el plan es diferente. Suelen necesitar desparasitaciones más frecuentes durante el primer año de vida, ya que son especialmente susceptibles a los áscaris.
Es importante que el calendario sea flexible y se ajuste a los resultados diagnósticos y a las condiciones climáticas locales.

La importancia del asesoramiento veterinario
Cada caballo y cada explotación son diferentes. Por eso, el plan de desparasitación debe elaborarse en conjunto con un veterinario especializado en medicina equina. El profesional podrá interpretar correctamente los resultados de laboratorio, ajustar las dosis según el peso real del animal y recomendar estrategias adaptadas a la región.
Un plan bien estructurado no solo protege la salud individual del caballo, sino que contribuye a la sostenibilidad del control parasitario en la población equina en general.
Conclusión
Preparar un plan de desparasitación para caballos implica mucho más que administrar un producto cada cierto tiempo. Requiere diagnóstico, seguimiento, manejo ambiental y asesoramiento profesional. Al adoptar un enfoque estratégico y basado en evidencia, es posible mantener a los caballos sanos, mejorar su rendimiento y reducir significativamente el riesgo de resistencia a los antiparasitarios. En definitiva, la prevención inteligente es la mejor herramienta para garantizar el bienestar equino a largo plazo.
